30 de octubre de 2020

Ciudad de niebla

Cuando era pequeña me di cuenta de que, si cerraba los ojos muy fuerte y me quedaba muy muy quieta, era capaz de saber dónde estaba el norte. No lo entendía entonces, pero aquella dirección tiraba de mí igual que hace orienta las agujas de las brújulas. Si empiezo a caminar sin rumbo por la ciudad siempre acabo yendo al norte, hasta que el mar me corta el paso y el agua me saca del trance; y entonces me siento en la orilla y me pregunto, con la mirada fija en el horizonte, si habrá otros como yo.

Una vez entendí que aquello que sentía en mi interior era el norte también fui capaz de orientarme en cualquier otra dirección. Era como si ya supiera dónde estaban las cosas las cosas, o como si ya hubiera recorrido su camino muchas veces. La ciudad se había convertido en una fina telaraña y cada lugar relevante una presa en mi red, un impulso débil y vibrante que hace temblar mis entrañas y mueve mis pies en la dirección correcta. Yo no puedo perderme. No necesito mapas.

Y siempre creí que simplemente tenía esa habilidad, como aquellos que memorizan listas larguísimas de números o que son capaces de pintar con los ojos cerrados; orientarme era mi talento, sin más. Pero la ciudad guarda muchos misterios que no se pueden explicar, y la gente que la habita es incluiso más extraña si cabe. Incendios que brotan y mueren en un instante, recuerdos que se pierden y que no regresan jamás, engranajes dorados a los pies de un cadáver. Una noche vi a un hombre volar, con sus alas oscuras recortadas contra el cielo nocturno, y me intenté convencer de que aquello era tan solo un sueño. Me refugié en la escuela, en los cotilleos de los pasillos, en las buenas notas y en discusiones con mis padres, me refugié en helados e historias y mitos antiguos sobre heroes y diosas... Algo palpitaba en mi mente, un deseo incontrolable de saber más: el norte, siempre el norte, y había algo más allá. La imagen de aquel hombre alado me evocaba un lugar. Y estaba cerca. 

Así que lo perseguí. Las serpientes somos muy curiosas, y las tortugas, muy constantes. Cuando interrumpí aquella reunión secreta en la trastienda de una floristería saludé con emoción y, antes de que pudieran decirme nada, le enseñé mi móvil a tres pares de ojos desconcertados. En la pantalla brillaba el nombre de un blog de misterios de la ciudad.

«Sois vosotros, ¿a que sí?», pregunté con una sonrisa pícara. «Y también sois mythos, como yo. Dejad que me una a vosotros».

Y esa es la historia de como empecé a formar parte del mejor grupo de investigación de la ciudad: un grupo de vecinos cotillas en los suburbios. ¡Pero no solo eso! También somos mythos, la misma esencia de un dios filtrándose en el mundo, y vivimos para resolver los misterios que esconde la ciudad de niebla. Yo vivo a través del mito y él vive a través de mí; el límite entre lo divino y lo mundano difuminándose de manera extraña. Una doble vida que me consume lentamente, casi sin darme cuenta, y que de forma invisible define todo lo que puedo llegar a ser.

Mi nombre es Ebime Miller, aunque los antiguos me conocen como Genbu. Yo soy el protector del norte. Yo soy la tortuga y la serpiente.




43-Haz una historia sobre el día a día de un dios. Puedes escoger su cultura y si vive entre nosotros, al estilo American Gods.

¡Buenas! Reto de la semana pasada, a ver si entre hoy o mañana puedo terminar el de Halloween. Esta vez lo he tenido fácil porque he usado un personaje que creé para una partida de rol: Ebime Miller. Es una chica de 16 años que aún sigue en el instituto, pero que resuelve misterios y crímenes sobrenaturales con su grupo de vecinos de barrio. La verdad es que es un personaje divertidísimo de jugar (es muy graciosa, ruidosa y cotilla), y espero poder retomar su partida en algún momento.

El juego de rol es City of Mist, podéis echarle un vistazo. En esencia cada personaje tiene un mythos: una entidad divina, heroica, de leyenda o de cuento de hadas que le da poderes. Para Ebime escogí a Genbu, el dios del norte en la mitología japonesa.

Sigo algo desanimada, y sigo en hiatus hasta diciembre. Esperemos que no se alargue, porque no creo poder aguantar mucho más... De todas formas, nos vemos la semana que viene. 

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24 de octubre de 2020

Tramoyista

En mi viaje por la Costa de la Espada he llegado a ver muchas cosas raras, terroríficas y asombrosas; algunas que aún me hielan la sangre y otras que son capaces de calentarme el corazón incluso años después de haber ocurrido. Pero aquello fue... simplemente peculiar. Ni un rastro de oscuridad, ni una brinza de aventura, ni un misterio a resolver. Nada de nada. Pasó, sin más. Y quizá por eso me sigue llamando tanto la atención. 

Aquel día andaba por el bosque en dirección a Aguasprofundas cuando vi que, a lo lejos, una mujer mayor esperaba en la linde del camino. Ralenticé mi marcha y saqué el mapa para corroborar mis sospechas: no había ningún asentamiento a menos de un día de distancia. Mantuve la espada en mi costado y me aproximé con cautela, pero cuanto más me acercaba más corriente me parecía la mujer, sentada sobre una manta en el suelo y con lo que parecían ser herramientas de costura en el regazo. A su lado, sobre un tocón viejo, reposaba una caja de madera.

—Buenos días, anciana —saludé al detenerme a su lado—. ¿Necesita ayuda? 
—¿Sabes lo que es un circo de pulgas?

La mujer alzó la mirada con sus manos aún enfrascadas en la costura. Tenía los ojos claros y algo vidriosos, el pelo cano y encrespado hasta los hombros, y la piel oscura marcada por el sol. Bajo el cabello se adivinaban unas orejas puntiagudas.

—¿Un circo de pulgas? —pregunté, frunciendo el ceño—. La verdad es que no tengo ni idea.
—Pues por una moneda de plata te lo enseño.

Solté una carcajada suave y distendida mientras alcanzaba la bolsa de monedas, provocando que su tintineo metálico se dispersara en el aire. 

—Está bien, mujer, ya veo por dónde vas —respondí, frotando dos monedas de plata entre los dedos—. Muéstreme su circo de pulgas. 

La anciana dejó las herramientas de costura en el suelo y extendió la mano suavemente. En cuando deposité las monedas en su palma ella la cerró con fuerza y la escondió rápido tras la espalda, con la avidez de un pájaro hambriento al que se le ofrece un puñado de semillas. Se incorporó para sacudirse el vestido y señaló la caja de madera rojiza. Yo me arrodillé delante, y fue entonces cuando ella abrió su tapa.

—¡Maravíllate con el circo de pulgas! ¡Admira la fuerza de estos insectos!

El interior de la caja contenía un minúsculo carrusel que giraba lentamente, a trompicones, haciendo sonar una caja de música con un ritmo disonante y oxidado. Pequeños lazos saltaban de un lado a otro como si ondearan bajo un viento salvaje e incoherente, y una solitaria bellota en una esquina se agitaba de vez en cuando, intentando rodar sin éxito. Tras unos segundos de silencio roto por el metálico tintineo de la caja, me aclaré la garganta con gesto incómodo.

—¿Y ya está?
—¿Cómo que ya está? —La anciana agitó las manos de un lado a otro, gesticulando por encima del pequeño circo—. ¿No ves cómo se mueve el tiovivo? ¿Cómo hacen acrobacias con los lazos?
—Todo eso, que yo sepa, se puede hacer con una manivela. 

La mujer soltó un aullido ofendido y levantó la caja de un golpe, agitándola en el aire para mostrar todos sus laterales. No había manivelas visibles, ni espacio suficiente para encajar un mecanismo.

—¿Ves? Es completamente legal. Mis pulgas lo hacen todo por sí solas.
—Bueno, pues entonces funciona con taumaturgia, lo que es aún más patético —dije mientras hice que el viento bailara a mi alrededor con un solo gesto—. Cualquiera con un poco de conocimiento mágico puede mover un carrusel tan pequeño sin tocarlo.
—¡Pues largo! ¡Te vas con la tontería a otra parte! Serás zoquete, hacerle perder el tiempo a una anciana como yo...

Cerró la caja de golpe, tomó las herramientas del suelo y se puso a coser, farfullando insultos en un idioma melodioso y susurrante. Yo me incorporé y seguí mi camino, dejando atrás dos monedas de plata y cinco minutos perdidos. Pero aún me preguntaba de dónde había salido aquella mujer, a más de un día de distancia de cualquier pueblo, cosiendo en la linde del camino y estafando viajeros con una caja de música vacía. Y creí haberme olvidado de ella hasta que me rasqué distraidamente la muñeca izquierda y noté que una minúscula picadura de pulga brotaba sobre mi piel.



42-Escribe un relato sobre un circo de pulgas.

Este reto viene una semana tarde. Intentaré subir el de esta semana lo antes posible. Además estoy en un pequeño hiatus que probablemente dure hasta diciembre. Me estoy esforzando mucho porque quiero resultados, y porque quiero que el año que viene sea mucho mejor que este. Quiero tener más tiempo, y quiero escribir más. Y ahora no puedo.

Seguiré publicando los relatos, pero nada más. Os veré de nuevo en un mes.

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12 de octubre de 2020

Raíces podridas

He buscado durante siglos a alguien como tú. A alguien que pudiera entenderme, a alguien dispuesto a escuchar, a alguien tan ingenuo e inocente como para tragarse mis mentiras como miel cálida deslizándose por la garganta. Puedes acusarme de perezosa, de querer ir por la vía fácil, y no mentiré. Tienes razón. Pero una víctima tan maleable también tiene sus ventajas.

Un error común y engreído, propio de aquellos que llevan mucho tiempo en esto pero cuyo ego aún no ha sido dañado, es querer someter a una mente fuerte y ondear su cuerpo vacío como un trofeo. Pero aquellos que se resistieron una vez pueden volver a hacerlo, y cuando tienen toda la eternidad para rebelarse algún día también tendrán la fuerza para escapar. Debes luchar contra ellos de forma constante, debilitar su alma sin descanso, pero eventualmente acabarás dejándolo. Los humanos fuertes nunca se rinden. Te destrozan por dentro.

Por eso actué desde otro punto de vista. Por eso te busqué a ti. Un hombre débil y hastiado, un alma que se cansó de vivir. Yo te ofrecí la vida que aguarda en el interior del cuadro, una vía de escape que te haría eterno y a la vez inexistente. Un prado cubierto de flores silvestres, un respiro salvaje en mitad de un mundo de metal y hormigón. El cálido aroma que desprende la muerte.

¿Sabes cual es la única forma de someter a un humano? Eso es, lo has adivinado: Hacer que no deseen huir jamás. Vuestra voluntad es férrea, quebrantable aunque capaz de sanar; pero vuestras creencias... esas se pueden moldear a placer y se arraigan tan profundo que se convierten en parte de vuestro ser, tan intenso que no eres capaz de dejarlas marchar. A nadie le gusta la derrota, pero os gusta mucho menos tener que admitir un error.

Eres conformista, y eso me gusta. Por eso ahora me perteneces. Y eso te agrada, ¿cierto? No crees que estás maldito, incluso aunque te despoje de los huesos y el dolor sea tan intenso que no puedas respirar; en realidad crees que esto es lo que siempre has querido. Eso es, cierra los ojos. Deja que tu sangre empape el lienzo, alimenta a este viejo demonio con lo poco que te queda de humanidad. Descansa.

¿Ya has asumido que no quieres escapar? Eso fue rápido. Fascinante. Resulta que eres más inteligente de lo que creía en un principio.

Te has dado cuenta de que lo que te espera fuera es mucho peor.



41-Usa un narrador en segunda persona para la historia de un personaje que ha sido maldito.

¡Buenos días! Y sí, estoy subiendo este relato el lunes, pero que conste que lo acabé anoche a las 23:55; es decir, dentro del plazo. Ningún juzgado me condenaría. (?)

¡Me ha encantado este reto! Siempre pensé que la segunda persona sería muy complicada de escribir, pero conforme investigaba me he dado cuenta de que en realidad la llevo usando mucho tiempo. En esencia es una primera persona que está dirigida a alguien en particular. Me parece preciosa y seguro que escribiré más textos con esta persona.

Puede parecer que el argumento de este relato es raro y está incompleto... pues sí, así es. Lo he escrito como complemento a un relato un poco más largo que hice para celebrar un evento de Halloween en el Discord de mi maravillosa amiga Nou, y que por ahora solo he compartido con su comunidad. ¿Queréis que lo suba en Halloween? Si no queréis esperar tanto para leerlo tendréis que meteros en su servidor de discord ;3

En fin, cada vez quedan menos retos. La universidad empieza a echarse encima... Mucho ánimo a todo el mundo, y hasta la semana que viene <3

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10 de octubre de 2020

Cuando me devuelvan la vida

 


¡Buenos días! ¿Cómo estáis? Hoy es el Día Mundial de la Salud Mental y por eso hoy os traigo algo para conmemorarlo, ¡nada más y nada menos que un relato premiado!

Cuando me devuelvan la vida es un relato muy personal que escribí como parte de la terapia, para transcribir mis pensamientos y sensaciones con la ansiedad y el proceso de sanar. Fue duro escribirlo (y muy intenso, y lleno de rabia), pero creo que el mensaje es importante. Además, si alguno de mis lectores se identifica o le puede ayudar a lidiar con sus propios sentimientos, yo ya me siento satisfecha. Pensadlo así, ¡es terapia gratis! En este relato también dejo por escrito todo lo que he aprendido con los años. 

Es complicado hablar de su contenido. Creo que es mejor que lo leáis por vosotros mismos. He de poner un Trigger Warning leve ya que obviamente hablo de la ansiedad, e incluso algunas de las palabras o imágenes pueden causar malestar o resultar incómodas, pero no trato más temas sensibles. 

Si os soy sincera, yo no le veo valor artístico a este relato. Lo escribí como una vía de escape y para reforzar todo lo aprendido, pero alguien parece que sí que le vio algo de valor. Ha obtenido el segundo premio en el concurso "Psicología y Narrativa" que organizó la Universidad de Sevilla, y será publicado en un volumen con el resto de ganadores. Casi que no me lo creo, de verdad. Me siento muy agradecida.

En fin, aquí os dejo un pedacito de mi corazón. 

Cuando me devuelvan la vida.

Podéis leer el relato en lektu, tanto en formato pdf como en epub y mobi, mediante pago social. Es decir, es completamente gratis, y solo hay que dejar un tweet o una publicación en facebook. ¡La propia página te lo hace! Es un proceso muy sencillo. Y, como siempre, si tenéis problemas con la plataforma también hay un link de descarga directo en la página de Archivos del blog.

Un saludo, y cuidaos mucho. 

3 de octubre de 2020

Aspirante a villana

Hoy es el día. La ciudad ha amanecido cubierta de niebla densa y pesada, y el sol de la mañana aún sigue oculto por nubes negras. Se escucha tormenta a lo lejos, graznidos ocasionales de cuervos; murciélagos negros revolotean y chillan alrededor de la mansión. Abro la ventana y doy una profunda bocanada de aire. Maravilloso. Se respira maldad en el ambiente. 

Me pongo la bata de seda negra antes de descender por la escalinata principal, con la mano reposando suavemente en la barandilla. No hay espejos, pero asumo que mi cabello está impecable y que el maquillaje sigue en su sitio: sombra de ojos violeta y raya negra, los labios pintados de intenso rojo carmesí. Por supuesto, también llevo tacones. Hoy es, al fin y al cabo, una ocasión especial.

Hoy es el fin del mundo.

Bajo hasta el sótano, donde mis fieles secuaces me miran sobrecogidos... o al menos así es como me imagino que sería si tuviera secuaces. En realidad, los pasillos subterráneos de la mansión llevan abandonados muchos años, pero yo creo que así le da un aire más tétrico. Las telarañas en las esquinas, las ratas correteando por los rincones, las goteras con su constante eco... Y, por supuesto, el lejano fulgor verdoso que procede desde las profundidades del túnel. Absolutamente encantador. 

Llego a la sala principal y me siento frente a mi escritorio, en la silla giratoria de cuero negro, y en cuanto presiono un botón una copa de cocktail aparece en una plataforma de la mesa. Contiene un líquido degradado en naranja y rojo con una sombrillita de papel azul en el borde, y aunque parece alcohólico tan solo es zumo de granada y naranja en una copa bonita. Pero las apariencias son importantes en este mundillo, así que me recuesto en mi asiento con las piernas cruzadas y practico mi sonrisa malévola. Eso es. Perfecto.

Deimos aparece de pronto y se acurruca en mi regazo, haciendo gala de toda la elegancia que acumula en su felino cuerpo. La acaricio de la cabeza a la cola con un gesto lento y pruebo a girarme en la silla muy despacio, para que parezca que se mueve sola. El héroe podría llegar en cualquier momento y una aparición dramática es esencial para causar una buena impresión. Ah, eso es, primero he de preparar mi discurso. No se puede iniciar el fin del mundo sin un monólogo dramático. 

Me inclino sobre la mesa con pluma y papel, pero en cuanto alzo la mano Deimos salta al escritorio y se sienta en el folio con expresión satisfecha.

— Deimos, ya lo hemos hablado.

Silencio. La gata entrecierra los ojos.

— Si no hay discurso, no hay gran revelación. Y si no hay revelación...

Se tumba. Agita la cola con disgusto.

— ... ¡no hay fin del mundo! Gordi, por favor, muévete. Hoy es el día perfecto. No puedo posponerlo más. 

Empujo su lomo suavemente, pero tiene las garras clavadas sobre la madera. De repente surge una vibración suave en su garganta, y la gata cierra los ojos suavemente. Suspiro y la tomo en brazos con gesto resignado, acariciándole el lomo mientras subo las escaleras de vuelta a mi habitación. La estrecho contra mi pecho, feliz y tranquila, y entonces pienso que quizá el mundo puede vivir un día más.



40-Escribe un relato en clave de humor sobre un villano que intenta planear el fin del mundo, pero su gato no le deja.


¡Buenas noches! ¿Qué tal todo? Yo ando estresada, y es que este es el último fin de semana de vacaciones que me queda... el lunes que viene empiezo la universidad, y la verdad es que este curso va a ser complicado. Las circunstancias son especiales, todas las asignaturas nuevas a excepción de una que he de recuperar... voy a tener que invertir muchísimo tiempo y esfuerzo, ya que este año tengo que aprobar todo lo que pueda. ¡Deseadme suerte!

El relato de hoy es cortito y tontorrón, y lo escribí anoche mientras cenaba pizza. Me pareció gracioso jugar con el concepto de un villano muy cliché, y he de decir que la imagen mental que me genera el relato me parece divertida. ¿Cómo os imaginais a Deimos? Los gatos de los villanos suelen ser gatos persas blancos, pero en mi cabeza Deimos es una gata calicó (es decir, una gata tricolor). ¿Sabíais que este tipo de gatos casi siempre son hembras? ¡Me parece muy curioso!

Y vosotros, ¿tenéis gatos o alguna otra mascota? ¿Os interrumpen mientras trabajáis? Porque mi gato siempre se intenta dormir encima de mis apuntes... Y durante el confinamiento estuvo conmigo en casi todas las clases online. Por algún motivo le gustaba "venir" a clase de cuántica, no se la saltaba nunca. 

¡Un saludo, y hasta la próxima!

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26 de septiembre de 2020

Agencia de Héroes, III

—¡Vamos, vamos! ¡Daos prisa! ¡Tenemos mucho que investigar!
—Jefa, me parece que estás demasiado emocionada —. Nejiko arrugó el hocico mientras bajaba las escaleras —. Al fin y al cabo acaban de asesinar a alguien.
—Se llama pasión por el trabajo, Magneko. No me sorprende que no lo conozcas.

Emi bajó de un salto los últimos escalones, aterrizando primero sobre el tobillo que no estaba roto... y luego en el otro. Se deshizo de la mueca de dolor antes de girarse con gesto teatral.

—¡V-vale! No os peleéis. Primero tenemos que hablar con el recepcionista. Seguro que tiene información sobre quién entró anoche al hotel.

Emi actuaba como si el recepcionista no estuviera ahí mismo, a menos de tres metros, escondido detrás de un mostrador oscuro y desgastado. El espacio estaba desordenado y sucio, cubierto de envoltorios de chicle y envases de ramen vacíos; y en una esquina, casi invisible, reposaba una pequeña televisión portatil que tenía la pantalla amarillenta. El hombre no le quitaba la vista de encima.

—¡Buenos días, señor recepcionista! — Emi se inclinó sobre el mostrador posando las manos desnudas sobre la superficie pegajosa, que retiró rápidamente —. Estamos investigando el... incidente, y queríamos saber si vio a la víctima anoche.
—No. — Ni siquiera levantó la cabeza.
—Ah, ¿estaba otra persona en recepción?
—No. Yo tengo el turno de noche.
—Entonces...
—Señorita, no me fijo en la cara de los clientes. Este es un local discreto. Y, por supuesto, tampoco tenemos registros.

Emi hinchó las mejillas, frunció el ceño y se dio la vuelta. 

—¡Pues nada! Ya encontraremos información en otra parte.
—Espere, Yamane-sama, creo que tengo una idea —. Nanami se acercó tímidamente al mostrador y se aclaró la garganta para llamar la atención —. Disculpe, señor recepcionista. ¿Recuerda haber entregado alguna llave anoche?
—Por supuesto. Dos llaves, de hecho.
—¿Y recuerda qué estaban echando en la tele en ese momento?
—Ah, sí... — La mirada del hombre cambió de pronto a una más soñadora y complacida —. La primera fue al principio de la noche, y estaban emitiendo el capítulo 17 de la segunda temporada de Volátiles. Yo no suelo ver series románticas, pero estaba bastante bien. La segunda fue de madrugada, durante la película de Samurais Justicieros III... todo un clásico. Recuerdo que me interrumpió la mítica escena en la que el sensei es ejecutado. ¿Has visto esa peli? Una chica tan mona como tú...
—¡Gracias, que tenga un buen día! — Nanami se giró con una sonrisa de oreja a oreja —. ¡Ya está! Solo hay que mirar la programación de anoche.
—Estoy en ello —. Nejiko tomó el móvil entre sus garras y esperó unos segundos —. 11:20 de la noche y 3 de la mañana. Algo es algo. 
—¡Perfecto! Ahora tenemos encontrar a alguien que les viera entrar a esas horas. ¡Seguidme!

Emi había pasado de montar una pataleta a recuperar la ilusión en tan solo treinta segundos, y entonces fue cuando salió corriendo del hotel. Fuera, en la calle, las pocas personas que frecuentaban el barrio tan temprano empezaban a abrir sus negocios. Puestos de comida, atracciones para turistas... y la cafetería que había delante tenía fuera una pequeña mesa con muestras de pastel. Una elegante chica-conejo los repartía con las orejas gachas, que alzó rápidamente en cuanto vio al grupo acercarse.

—¡Buenos días! ¿Os interesa un poco de tarta? ¡Son caseras!
—Me llamo Nejiko, encantado. — El hombre-gato extendió las zarpas y le lanzó un sutil guiño —. Pero puedes llamarme... Magneko. Es mi nombre de héroe.
—¡Vaya! ¿Sois héroes? — La joven sacudió los bigotes, interesada —. Que pasada. Yo me llamo Rui y soy camarera.
—Perfecto, señorita Rui, pues nos preguntábamos si habías visto a gente entrar o salir del hotel anoche. Estamos investigando.
—Hmm... — Se acarició la oreja izquierda, pensativa —. Pues no, porque yo acabo de llegar hace nada. Pero conozco a mucha gente por aquí que trabaja de noche, podría ir con vosotros y preguntar.
—Claro, acompáñanos. No hay ningún problema, ¿verdad, jefa?
—¿Supongo? — Emi miró a Nanami, que se encogió de hombros con exasperación —. En principio, y si nos puede ayudar...
—¡Pues no hay problema! Señorita Rui, si nos hace el placer... 

Nejiko le ofreció el brazo y la chica lo aceptó con una risita de vergüenza. Mientras caminaban Rui les guió por el barrio, contando curiosidades sobre los edificios más antiguos y algún que otro cotilleo sobre sus habitantes. Se detuvo delante de una pared decorada con grafitis, cerca de un hombre con una cámara de fotos al cuello que estaba colocando adornos de atrezzo por los alrededores. 

—Aquí —. Rui saludó de lejos al hombre y él se acercó —. Kishimoto-san y su mujer son fotógrafos, y están casi todo el día por la zona. A lo mejor vieron algo, o incluso lo captaron en cámara.
—Ah, mira a quién tenemos aquí —. El hombre sonrió dejando ver una boca llena de dientes ligeramente torcidos, pero limpios —. ¿Vienes a traernos tarta, Rui? Prometo que esta vez le dejo algo a mi señora.
—Luego te la traigo, tranquilo —. Rui se rió suavemente antes de señalar al resto del grupo —. En realidad estoy aquí porque estos detectives están buscando a alguien, y nos preguntábamos si podíamos revisar tus fotografías de anoche.
—¡Por supuesto! ¡Sois los héroes de Ginza! Os vi ayer en las noticias. Es un placer ayudar a las autoridades.

No tardaron mucho en localizar lo que estaban buscando. A las 11:03 de la noche la víctima aparecía en el fondo de una imagen, detrás de dos turistas que asomaban la cabeza sobre placas de cartón que simulaban kimonos... y a su lado, con una sonrisa feroz y casi mirando a cámara, una despampanante mujer rubia que le sujetaba del brazo. Rui soltó un grito de exclamación al verla.

—¡La conozco! Creo que es camarera en el bar de alterne, o trabaja en el hotel como... acompañante —. Apartó la mirada avergonzada. — No me acuerdo bien, pero podría ir a preguntar y que me acompañe Nejiko, que yo conozco a la madame. Vosotras dos podéis ir al bar y ver si la reconocen allí.

Antes de que Emi pudiera objetar Rui ya se había llevado a Nejiko y conversaban animadamente. Lanzó un grito al aire, sacudiendo los brazos.

—¡Chicos, si tenéis algún problema avisad por los walkies! Hay que ver... — Y entonces giró hacia Nanami con gesto pensativo —. Y tú, ¿no eres demasiado pequeña para entrar en un bar?

***

Por el camino Nejiko se dedicó a contar sus batallitas de héroe mientras que la chica sonreía y preguntaba más y más, pero nada más llegar al burdel Rui le mandó callar. Parecía un hotel cualquiera, aunque mucho más amplio y elegante. La mujer que esperaba tras el mostrador era de mediana edad y tenía las uñas largas y cuidadas, que deslizaba con suavidad por encima de una revista de cotilleos.

—Vaya vaya, mira a quién tenemos aquí —. Alzó la vista ligeramente, dejando entrever una sonrisa pícara —. Niña, ya te he dicho que si vienes a trabajar aquí las cuotas se pagan por adelantado. Que luego te escaqueas...
—No vengo a trabajar, señora Ume —. La voz de Rui se había vuelto amarga de repente, y tenía las orejas plegadas hacia atrás —. Mi compañero es un héroe y estamos investigando. Necesitamos ir a la habitación de Kawata. 

La mujer alzó las cejas y miró a Nejiko, que rápidamente sacó su identificación. La devolvió con recelo.

—Os dejo pasar si no miráis nada más, ni tocáis nada. Eres un héroe, chico, no policía. Como metas en un lío innecesario a mis niñas...
—Descuide, señora... — Dejó la palabra en el aire, porque Rui ya había cogido las llaves y se dirigía hacia las escaleras —. ¡Le prometo que no tocaré nada!

Rui no habló mientras subía. Nejiko la siguió en silencio hasta la habitación, pensando en qué decir, pero decidió que era mejor callar. La habitación era limpia y austera: una cama de sábanas blancas, moqueta rojiza, un baño amplio y un pequeño escritorio. La examinó rápidamente, pero no había nada de interés. Parecía que no la habían usado en mucho tiempo, o que la habían limpiado recientemente. Rui se encontraba en la ventana, mirando hacia el exterior. Nejiko decidió ponerse a su lado.

—¿Todo bien, Rui? Me preocupas.
—¿Por qué estáis investigando esto? —. La mirada de Rui no se separaba de la calle, y sus manos se tensaron sobre el alfeizar —. ¿Por qué le estais defendiendo?
—¿Eh? Pues porque...
—Ese hombre era un pervertido, Nejiko. Está casado y tiene dos hijas, pero viene a menudo a follarse a niñas a las que les saca treinta años. ¿Te parece bien? ¿Qué tipo de justicia es esa?
—¿Rui, cómo...? Yo no te he contado nada de eso.

Pero Rui no respondió. Siguió hablando por su cuenta, sus uñas arañando la superficie de madera.

—Los hombres como tú me dais asco. Os protegéis unos a otros. Este sistema está tan podrido y lleno de babosos... Incluso tú, Nejiko. Tú no eres diferente al resto. 

En ese momento Nejiko se fijó en sus manos. Suaves, lisas y carentes de imperfecciones. Ni una sola arruga, ni un poro, ni un lunar; incluso sus uñas eran idénticas entre sí. Conforme la mano se tensaba más y más parecía que... aumentaba. Los dedos se ensanchaban y la piel adquiría un aspecto más realista, más fuerte y desgastada. Igual con su rostro. Las suaves mejillas de Rui se tensaron en una mandíbula cuadrada, una nariz rechoncha, y unos ojos profundos llenos de ira. 

Nejiko intentó gritar, pero entonces el hombre que había aparecido ante él le cogió del cuello y lo lanzó por la ventana.




39-Haz una historia en la que predomine el diálogo y no haya ni un solo verbo dicendi. ¡Asegúrate de puntuar bien las acotaciones!


¡Buenas, gente! Os dejo por aquí el reto número 39 y, por fin, la conclusión a esta pequeña historia de héroes que roleé con mis amigos. ¿Qué tal? ¿Os ha gustado? ¿Os esperábais el final? Os aseguro que ese jugador no se lo veía venir... He de admitir que me reí muchísimo en el momento. Creo que aún no me lo perdona.

Por si no quedó claro: ¡Rui es un cambiaformas! No he querido narrar el combate final porque básicamente... lo derrotan y ya está, no tiene más poderes interesantes aparte de cambiar de forma; y también por el motivo de este reto: Una historia en la que predomine el diálogo. Esta parte de "investigación" me parecía perfecta, ¡y ha quedado larguísima! He tenido que cortar muchas cosas de la historia original, porque para empezar estaba todo el grupo reunido y tuvieron que averiguar mucho más antes de alcanzar el final.

Me ha gustado mucho este reto, y para quien no se haya dado cuenta: un verbo dicendi son todos esos verbos que usamos en los diálogos (dijo, respondió, susurró, afirmó...) que modifican el habla. El reto consistía en escribir un diálogo cuyas acotaciones fueran todas una acción. ¡Ha sido muy divertido! Me recuerda a aquel reto que hice a principio de año sobre escribir un texto sin usar gerundios.

Aparte de el artículo de Literup, usé esta entrada con un listado para completar información. ¿Me he dejado algún verbo dicendi por ahí? ¿O he puntuado mal algún diálogo? ¡Dejádmelo en los comentarios!

Un saludo y muchas gracias por vuestro apoyo, hasta la próxima <3

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21 de septiembre de 2020

Querida Leyre:

¡Hola! ¿Qué tal todo? Espero que estés leyendo esta carta antes de comerte los dulces del paquete. Hazme caso, es importante que entiendas por qué te los mando. Que ya sé que eres muy golosa, pero te sabrán mucho mejor una vez conozcas la historia... Pon agua a hervir, y así tendrás té recién hecho para cuando termines de leer. 

¿Se siguen fabricando los hervidores? Son como jarras que se enchufan y calientan el agua de dentro, aunque no me extrañaría que tú tuvieras uno de esos cacharros modernos que la hacen hervir en segundos. Bueno, como sea: no te pregunto cómo estás porque ya me lo cuentas cada vez que llamo. Esto es algo especial, un regalito por tus buenas notas... y porque sé que nos echas de menos. No hay nada mejor para la morriña que dulces caseros, créeme. Eso, y una buena historia. 

¿Te he contado alguna vez cómo conocí a tu madre? Fue hace muchos años, en la capital, cuando aún no era la capital. Eras muy pequeña cuando la viste por última vez, así que no creo que te acuerdes. Por aquel entonces ni siquiera era la ciudad más grande del país, pero estaba llena de vida y de oportunidades a punto de florecer. Jóvenes de todas partes nos reuníamos en sus calles y lo compartíamos todo: nuestras casas, nuestros coches, nuestros sueños... y de una forma u otra todos estábamos conectados, como una telaraña pequeña y compacta que enredaba poco a poco nuestras vidas.

Seguro que sabes de lo que hablo. Cuando tropiezas en la calle con un extraño, cuando te llevas el último paquete de galletas del supermercado, cuando bajas del bus y dejas un asiento libre... de manera invisible tu presencia se cuela en la vida de los demás, y ellos hacen lo mismo contigo. No lo sabíamos entonces, pero tu madre y yo nos conocimos mucho antes de empezar a hablarnos. Aquella noche de otoño, minutos antes de echarle el cierre mi pastelería, una mujer joven y guapa entró a comprar dulces de almendra. Pagó por dos, pero dejó uno de ellos en el mostrador. Y yo me comí el otro.

Probablemente nos viéramos más veces después de aquella, en bares o en colas del súper, nuestras huellas guiándonos el uno hacia el otro... pero pasaron años hasta que le preparé aquellos dulces como regalo de aniversario y ella recordó aquella vez que, apurada, entró a una pastelería a última hora y se olvidó de llevarse un pastel.

No me enrollo más, que el té debe de estar a punto. Prueba ahora los dulces, la receta es la misma que era entonces. Ah, y por cierto, te he preparado más de la cuenta, en caso de que quieras dejar alguno atrás. Quién sabe, quizá en unos años te sorprenda. Este mundo está cada día más y más conectado, créeme. No subestimes el poder de un dulce casero.

Con cariño, papá.



38-Tu protagonista escribe cartas a una niña de otro continente. Escribe un relato epistolar con esta correspondencia.

A ver, os explico: Esta semana ha sido muuuy larga, y han pasado muchas cosas. Para empezar el relato que publiqué en Lektu, La serpiente que devoró la luna, está pegando fuerte. Ha llegado al top 8 en tendencias, y estoy recibiendo un montón de apoyo y críticas positivas... no sabéis lo mucho que os lo agradezco, en serio. Lo que en un principio parecía un fracaso se ha convertido en una de mis mayores motivaciones para seguir escribiendo. 

Y precisamente por eso... he tenido muy poca energía para seguir con los Retos de Literup. No me malinterpretéis: me parecen geniales y me han ayudado muchísimo. Gracias a los retos he conseguido una rutina más o menos estable de escritura (mejorable, ¡pero es una rutina!) y he practicado con géneros e ideas que no pensé que sería capaz de desarrollar. Pero creo que es hora de pasar página, y de empezar a escribir por mi cuenta. 

¿Voy a detener los retos? Por supuesto que no. A cabezonería no me gana nadie. A falta de 14 relatos para cumplir con el reto, y teniendo en cuenta que ya he completado casi el 75% del desafío... no me apetece rendirme. Será una tontería, pero quiero la medallita. Quiero poder decir "eh, que sepas que durante un año hice un reto de escribir un relato por semana, y lo terminé".

Lo que sí quiero decir es que, seguramente, le dedique mucho menos tiempo y esfuerzo a partir de ahora. Pongo por ejemplo este relato. No me gusta, no estoy conforme con él, lo escribí anoche medio dormida y mientras veía streamings en Twitch... pero ahí está, terminado. Por supuesto, si alguno de los temas restantes me llama mucho la atención haré un relato más trabajado, pero creo que este reto se basa más en ganar constancia que en sacar 52 obras de arte. 

Voy a parar ya, que al final voy a escribir más comentario que relato... ¡nos vemos la semana que viene (técnicamente esta) con el siguiente Reto Literup! 

Si quieres saber qué es el Reto Literup, haz click en este enlace.