14 de septiembre de 2020

La serpiente que devoró la luna



¡Buenas a todos! En especial a toda la gente nueva que ha venido de Twitter, ¡bienvenidos! Espero que vuestra estancia aquí, en el pequeño palacio de un Gato Condensado, esté siendo agradable. 

Como últimamente hay mucha actividad tanto en mi cuenta de Twitter como en el blog, os he preparado algo especial en agradecimiento. ¡Mi segunda publicación en Lektu! Esta vez se trata de un relato corto de horror cósmico, al más puro estilo Lovecraft, que se desarrolla en torno a la constelación Hidra. Estuvo presentado a convocatoria para un concurso, y aunque no hubo suerte sí que es un relato mucho más pulido y trabajado que los que suelo subir al blog. El terror (y, en concreto, el horror cósmico) es mi género predilecto, y me lo pasé genial escribiendo este relato. ¡Espero que os guste!

Podéis encontrarlo en este enlace, subido a la plataforma de Lektu en formato epub/pdf y disponible bajo pago social. ¡No os preocupéis, es completamente gratis! Tan solo hay que dejar un tweet o un post en facebook antes de descargarlo. La plataforma lo hace de forma automática, ¡más cómodo imposible! Esa pequeña publicidad me ayuda muchísimo <3

Y si queréis un acceso rápido al archivo en pdf podéis buscar el manuscrito en la página Archivo, con un enlace directo al pdf.

¡Nada más que decir! Espero que os guste y, por favor, dejad todas las reseñas o críticas constructivas que se os ocurran. Podéis reseñar el relato en Lektu, y dejarme comentarios en esta entrada o directamente en mi Twitter. ¡Y también podéis echarle un ojo a Ojo de Buey, mi novelette publicada en Lektu! Es un texto más largo y más ameno, de ciencia ficción y fantasía, me haría mucha ilusión que lo leyerais. 

Un saludo y muchísimas gracias por vuestro apoyo <3 ¡Hasta la próxima!

11 de septiembre de 2020

Agencia de Héroes, II

No veía a nadie más. Creí que estaba sola. Al menos, todo lo sola que se puede estar en una escena del crimen, con un cadáver hinchado y de gesto grotesco postrado en la cama. Pero aún así sentía que algo me observaba, algo siniestro que impregnaba las sábanas y se filtraba entre las persianas cubiertas de polvo. Y es que en este mundo de héroes no te puedes fiar ni de tus sentidos ni de aquello que parece obvio, así que tuve que pedir refuerzos. Por si acaso.

La Agencia de Yamane Emi había abierto recientemente, pero ya se había hecho eco entre los agentes de la ley por su reciente éxito en el atraco de Ginza. Yo ya la conocía de antes, y precisamente por eso me sorprendía tanto su fama: Emi no podía ser una buena jefa. Nunca fue una investigadora de nivel, ni una policía portentosa; y sus poderes, aunque interesantes, se quedaban cortos a la hora de luchar contra villanos. Se hizo evidente cuando Emi apareció en el hotel con el tobillo vendado, riendo y alegando que se lo había torcido al caer mientras trepaba una tubería... pero Emi tenía algo especial, y era su capacidad para toparse con talentos extraordinarios. Así que la razón de su éxito tenía que deberse, sin duda, al resto de su equipo.

Y aún así solo vino con dos de sus héroes. Una muchacha tímida, de cabello rosado y mejillas redondas, que se presentó como Nanami Ayaka; y un chico-gato sin camisa que simplemente usó su nombre de héroe: Magneko. Original, pero algo vulgar. Yo también hice lo propio.

— Mi nombre es Nitta Mayu y soy la forense de este caso — expliqué frente a la entrada del hotel —. Os he convocado aquí por mi seguridad, ya que últimamente hay asaltos violentos por la zona, y para que ayudéis con la investigación. Por favor, seguidme.

Les guié hasta la escena del crimen: La habitación 302 de un Love Hotel de Akihabara. Un hombre de mediana edad, al que habíamos identificado como Ogura Takeru, se encontraba desnudo en la cama con una soga al cuello y sangre en la comisura de los labios. A su lado un montón de toallas limpias y una carátula de un DVD porno. 

— Bueno, parece obvio — dijo el chico gato inclinándose sobre el cadáver —. Quiero decir, tiene pinta de que ha sido un... accidente.
— No tan rápido —. Me puse los guantes y abrí la caja del DVD —. El disco sigue dentro y las toallas aún están dobladas. Es un montaje.
— ¿Y la cuerda? — preguntó Nanami, algo cortada. 

Me acerqué al cuerpo y separé con cuidado la soga del cuello. Estaba atada con firmeza, pero las marcas que había debajo eran amplias e irregulares.

— Como sospechaba, también la añadieron luego. Parece que lo estrangularon con las manos, y me atrevería a decir que esa es la causa de la muerte. Aunque claro, para confirmarlo necesitaríamos una autopsia.

Me retiré el guante para tocar el cadáver con las manos desnudas, y un pequeño tintineo se difuminó en el aire. Congelar en el tiempo objetos inertes parecía un poder inútil, pero venía bien para conservar cadáveres... o para mantener caliente el almuerzo. Al menos, esos son los únicos usos que le he encontrado. Me dirigí al baño para lavarme las manos, pero la voz de Emi me interrumpió antes de que pudiera abrir el grifo.

— ¡Mayu-chan, mira! ¡En las sábanas!
— Emi, aunque nos conozcamos de antes y sea más joven que tú, agradecería que me hablaras con propiedad... — respondí irritada, pero me detuve al instante al ver lo que me estaba señalando —. Vaya. Bien visto. Ten cuidado, no la toques.

En las sábanas blancas había quedado una leve impresión de una huella de dedos grandes y rechonchos. Me fijé en las manos de Ogura Takeru, finas y huesudas, que no correspondían con las que se habían quedado en la tela. Pero sí con las que estaban marcadas en su cuello.

— Está bien, llamaré al resto del equipo para que le saquen huellas dactilares a esto. Vosotros, deberíais investigar por la zona. A ver si alguien vio a la víctima entrar en el hotel, o si el recepcionista quiere soltar algo. Os esperaré en la entrada. Tened cuidado.

Emi saltó ilusionada y bajó corriendo las escaleras, bramando órdenes al resto de su equipo. Magneko se despidió con una sonrisa llena de colmillos, y Nanami con una profunda reverencia. De nuevo me había quedado sola con el cadáver, y aún así... aún así sentía que algo me estaba observando, que algo no terminaba de encajar. Era un caso sencillo, ¿verdad? Una vez analizáramos las huellas tendríamos a nuestro asesino, y con la investigación de Emi completaríamos el resto de la historia. ¿Entonces, por qué siento que algo falla?

Pasó media hora hasta que la policía forense llegó a la escena y reveló lo que no encajaba, pero entonces ya era demasiado tarde. 

Nuestro asesino no tenía huellas dactilares.



37-Escribe un relato policíaco que empiece con “No veía a nadie más. Creí que estaba sola”.

Buenas tardes... la verdad es que esta ha sido una semana complicada para mí. No tengo fuerzas para escribir, y esto es todo lo que he podido sacar. Como es obvio, la historia está incompleta. El reto 38 es epistolar y no me vale, pero el 39 es un reto de diálogo y creo que ahí puedo cuadrar el resto de la investigación, ya que básicamente consiste en los personajes caminando por Akihabara y hablando con gente para obtener información. 

Sí he de decir que, aunque me encante escribir en primera persona, creo que ese inicio de relato no cuadraba nada con mi estilo y he tenido que usar una primera persona muy extraña y poco fluida... lo siento mucho. La verdad es que no doy para más.

Nos vemos la semana que viene.

Si quieres saber qué es el Reto Literup, haz click en este enlace.

6 de septiembre de 2020

Agencia de Héroes, I

Por las calles de Shinjuku caminaba un hombre que tenía alas negras. Las llevaba plegadas a la espalda y una de ellas estaba parcialmente vendada en la unión con el omóplato, bordeada por un pequeño reguero de sangre; y aún así a nadie parecía llamarle especialmente la atención. Aunque la mayoría de los transeúntes tenían un aspecto ordinario de vez en cuando Tenshi se cruzaba con personas de apariencia peculiar, como una niña con la piel cubierta de hojas o una mujer con rasgos de mapache. Las alas heridas de Tenshi no eran más que una rareza esperada en un mundo de lleno de rarezas, así que, en realidad, lo que más llamaba la atención de él era que llevaba gafas de sol aunque ya era casi de noche.

Shinji llevaba un rato en la puerta de la estación, recostado contra una de las columnas de la entrada y haciendo rodar una pequeña esfera de agua entre sus dedos. Se había cambiado de ropa, pero seguía llevando su característico pañuelo rojo atado en la cabeza. En cuanto vio a su compañero le saludó desde lejos y esperó a que este se acercara. 

— La jefa dijo que había que ir de incógnito — dijo Shinji con una sonrisa mientras señalaba las alas —. Aunque la verdad es que cuesta reconocerte sin...
— Sin la chupa de cuero, lo sé. Yo también me siento raro sin ella — Tenshi encogió los hombros para recolocar las alas —. ¿Y Shun? 
— Dentro, supongo.

Tenshi sacudió la cabeza y entró a buscarlo. Shun esperaba en un banco cercano, vestido con vaqueros negros y un jersey azul de rayas. Llevaba el cuello decorado con collares de piedras, y sus guantes no le cubrían la punta de los dedos.

— Vaya — Tenshi no pudo contener una sonrisa —. Te queda bien el... eh... no uniforme.
— Gracias — Shun se rió, sonrojándose —. Tú también estás genial, aunque he de decir que echo de menos la...
— La chaqueta, sí —. Esta vez fue Shinji el que los interrumpió, dando una fuerte palmada entre ambos —. Menos charla y más trabajo, que no quiero estar aquí toda la noche.

La actitud de Shun cambió de pronto, dejando caer la sonrisa coqueta y cambiándola por una seria fachada.

— Está bien. Dejad que hable yo, vosotros solo me seguís. No toquéis nada, no os separéis de mí y, por favor, que nadie llame la atención. ¿Queda claro?

Ambos asintieron y los tres se perdieron por las calles de Shinjuku. En apariencia solo es un barrio turístico y comercial, pero entre sus callejones se esconden bares que solo los naturales de Tokio frecuentan, locales de ramen en los que solo caben tres parroquianos y negocios de origen y propósito cuestionable. El bullicio de la ciudad se adormecía conforme más se adentraban en la telaraña de edificios, y justo cuando el mundo parecía haberse quedado en silencio Shun giró una esquina y se metió en un pequeño local.

Era estrecho, muy estrecho; tan solo una barra de bar con taburetes que casi bloqueaban por completo el pasillo. Al fondo había una pequeña puerta y unas escaleras ascendentes, en las que descansaba una mujer mayor fumando un cigarrillo. Su solo aliento llenaba el local de humo pero no lograba camuflar el olor a pescado, soja y especias. El único cliente, un hombre con los ojos inusualmente brillantes, se encontraba sentado en la otra esquina sorbiendo fideos blancos y carnosos de un cuenco de caldo humeante, con una gamba rebozada flotando en su superficie. Ninguno de los dos se inmutó cuando Shun se sentó en la barra, lo más cerca que pudo de la mujer.

— Ponme una cerveza — pidió, dejando un puñado de monedas sobre la superficie de madera.

La mujer se incorporó despacio y sacó un botellín de Asashi junto con un abrebotellas viejo. Shun destapó la bebida y se guardó la chapa en el bolsillo para sacar otra idéntica, pero de color negro. La mujer recogió la chapa y las monedas y en su lugar dejó un papel con dos kanjis garabateados: Seiryū. Shun se bebió la cerveza de un trago y abandonó el local sin mediar palabra.

— Vaya, qué pena —. Shun habló en cuanto se encontró suficientemente lejos del local —. Siempre me mandan al Este. Supongo que no le interesa revelarme el resto de emplazamientos.
— ¿Entonces está aquí? ¿Nos va a recibir?
— Claro. Probablemente ya sabía que veníamos.

Shun hizo un gesto y les guió a través del barrio hasta alcanzar un edificio alto y estrecho que estaba escondido en un callejón. Allí ni siquiera llegaba la luz de las farolas, así que las manos de Shun se iluminaron para desvelar la escena. Al fondo, junto al lado de la puerta y escondido entre las sombras, un único hombre les observaba.

— Las armas al suelo — gritó en cuanto supo que ya le habían visto —. Los otros dos, entregadme algo que confirme vuestra identidad. Cualquier carné con foto y nombre me vale.
— Lo de las armas lo entiendo, ¿pero lo del carné? — Tenshi sacó una tarjeta de su cartera y se la ofreció, vacilante.
— Os lo devolveré en un momento, tranquilo. Ya puedes pasar.

Shun entregó la pistola y Shinji un carné, aunque también creó una pequeña daga de agua que podía esconder dentro de la manga y deshacer en cualquier momento. El hombre cerró la puerta tras ellos y señaló las escaleras, indicando que ya podían subir. No les dejó detenerse ni en el primero ni en el segundo piso, pero se paró justo al llegar al tercero. Ahí esperaba una puerta blindada que contrastaba con el aire abandonado y viejo del resto del edificio.

El guardia la abrió, dejó los carnés y la pistola sobre la única mesa y abandonó la sala. Ahí, sentado frente al escritorio y con una copa de licor en la mano, un hombre extranjero les sonreía con una amabilidad embriagadora y disonante. Tenía los labios finos y los ojos azules, el pelo rubio oscuro engominado ligeramente hacia atrás, y llevaba un reloj de oro en la muñeca derecha. Saludó y señaló a las sillas que tenía delante mientras tomaba los carnés. Los descartó de un único vistazo, entregándoselo de vuelta a sus propietarios.

— Vaya vaya, veo que sois nuevos en este mundillo. No recordaba vuestras caras, y yo lo recuerdo todo... ¿Qué necesitáis, jóvenes héroes?

Tenshi hizo el amago de hablar, pero Shun le detuvo con un gesto brusco. Hablaba él, siempre tenía que hablar él. Sabía las consecuencias de permitir que otros hablaran primero.

— Déjate de rodeos, Arlequín. Ya lo sabes. Queremos información sobre el incidente en Akihabara. 
— Yo tengo toda la información que necesito, chicos —. El Arlequín se lamió los labios, haciendo girar su copa de licor sobre la mesa—. La verdadera pregunta es: ¿cuanto estáis dispuesto a pagar por ella?



36-Haz una historia que integre una descripción de la mejor comida que has probado nunca

¡Buenos días! Dejo esta entrada programada porque, por un pequeño fallo de planificación y circunstancias, al final he terminado este relato antes que el reto nº35... ¡Espero no olvidarme de twittear esto el domingo!

Este reto ha sido muy especial para mí porque esta vez no he tenido que inventarme una historia... ¡estoy narrando algo que pasó en una partida de rol! Hace un par de años conseguí que mis mejores amigos me dejaran dirigir una partida basada en Boku no Hero, con un sistema completamente diseñado por mí (que por cierto, seguramente suba una entrada al respecto en septiembre...), y esta es una de las partidas de investigación que jugamos. Una curiosidad: la improvisé entera. Lo que al principio pretendía ser una incursión rápida por las calles de Shinjuku en busca de mi Arlequín, terminó convirtiéndose en una partida de dos horas y media llena de tensión. Esto que leéis es solo una adaptación de lo que ocurrió al principio.

Y escogí escribir sobre esto porque, aunque no estoy segura de que sea la mejor comida que he probado nunca, la cocina japonesa nunca me falla. Y el udon es uno de mis platos favoritos: unos fideos gruesos servidos en caldo que suelen venir acompañados de gambas rebozadas, verduras, carne... Se me hace la boca agua solo de imaginarlo.

¿Cual es la mejor comida que habéis probado nunca? Para mí hay muchas, porque de verdad que me encanta comer. Podría haber hecho este relato hablando de scones, cocina portuguesa, ajoblanco, arroz a la cubana... 

Por cierto, por si no os habíais dado cuenta, ¡este relato es una primera parte! No quería explicar el "incidente" en Akihabara porque me iba a quedar muy largo, pero entonces vi que el reto 37 es un relato policíaco y me viene de perlas. ¡Así que nos vemos la semana que viene con la continuación! 

Un saludo a todos <3

Si quieres saber qué es el Reto Literup, haz click en este enlace.

3 de septiembre de 2020

La canción del bosque

El bosque no se pisa. El bosque se bordea aunque tardes una hora más en llegar a casa, el bosque no se mira aunque llantos implorantes te llamen desde los matorrales. Está rodeado por una cerca de piedras viejas que se encuentra derruida en algunas zonas, y sin embargo nada parece poder salir. De vez en cuando se oyen canciones, como silbidos que danzan entre los árboles y forman una melodía lenta y etérea. No se escucha, no se tararea. El bosque se ignora y la vida sigue sin él.

Pero a veces los peligros que una encuentra aquí fuera son peores que las leyendas que se cuentan sobre el bosque. Y a mí se me ha impuesto el miedo a los hombres. Esta noche tuve que decidir entre quedarme en el pueblo —y recibir los golpes, y tragarme la sangre—, o huir hacia aquello de lo que siempre me han advertido. La elección fue clara. Corrí hacia el bosque.

Por fortuna la abuela me ha contado mil historias sobre este lugar maldito, en caso de que algún día me encontrara perdida en su espesura. Hay que caminar siempre hacia la derecha, y si necesitas cambiar de dirección debes dar una vuelta completa. No alimentes a los animales, no tomes frutos de los árboles —y si son amarillos, sal corriendo y no mires atrás—, no metas el pie en círculos de setas y, sobre todo, no hables con nadie. No hay humanos en el bosque, aunque tengan rostros amigables y parezcan necesitar ayuda. Las hadas mienten y te embaucan, te raptan y borran tu existencia de las mentes de los hombres. En las noches de luna nueva, los portales se abren y las hadas tienen hambre.

Y hoy el cielo no tiene luna. El bosque está inusualmente tranquilo y su extraña melodía se escucha a la vez clara y distante, como un sonido ambiente que no parece tener un único origen. Es como si los árboles cantaran, o como si algo dentro de ellos pudiera cantar; voces minúsculas que susurran al unísono. Y algo en su música parece llamarme, me guía a traves de sus caminos enredados. Mis pasos no tropiezan en piedras ni raíces a pesar de que deambulo a ciegas, pero no evita que pise dentro de uno de los círculos de setas.

Pero nada ocurre. Me adentro, y aunque el bosque parece haberse quedado en silencio nada más parece cambiar. Así que me coloco en el centro y duermo. El viento me arropa y me envuelve, la tierra se mece y se curva a mi alrededor. Las horas pasan y sueño con una oscuridad infinita y eterna hasta que algo me despierta.

— Señorita — susurra una voz —. ¿No tenías un peor sitio dónde dormir?

Frente a mí se alza una figura esbelta y brillante, de cabellos rojizos y sonrisa dulce. Viste con ropas que resultan familiares y a la vez dan una impresión extraña, como si alguien se estuviera disfrazando de humano. 

— Deberías marcharte antes de que te ocurra algo malo, pequeña. Ven, puedes salir si...
— Mi nombre es Alicia.

Los ojos del fae se iluminan con un brillo feroz. Él lo sabe. Distingue cuando alguien miente, pero también siente cuando le otorgan un nombre real. Le sorprende, incluso. Hacía siglos que nadie le decía la verdad.

— Niña, ¿no te han advertido sobre darle tu nombre a las hadas? — El hombre frunce el ceño mientras regaña —. Tienes suerte de que hoy me encuentre de buen humor, porque el poder que tengo ahora sobre ti...
— Dicen que si un hada te lleva, desapareces. Nadie te recuerda.

El fae interrumpe su discurso. Se arrodilla para ponerse a la altura de mis ojos.

— Algo así, sí.
— Y que si acepto algo vuestro, jamás podré marchar —. Extiendo la mano en su dirección, pero él no la toma. De hecho, retrocede —. ¿Cómo funciona eso? ¿Qué pasaría si alguien quisiera llevarme?
— No podrían — dice entrecerrando los ojos —. ¿Acaso huyes de algo?

No respondo. No hace falta. Tras unos segundos de silencio el hombre se incorpora e inspira hondo. Las setas que forman el círculo vibran suavemente.

— Ya me has dado tu nombre, así que no podemos hacer mucha cosa. Dame la mano, Alicia. Y no volverás a existir. 

El mundo en el exterior del círculo se derrumba y un terror visceral me agarrota el cuerpo. Algo me dice que huya, y sé que podría huir. La mirada del hada es benévola y compasiva, como si esperara que me diera la vuelta. Pero no puedo hacerlo. Lo desconocido me da miedo, pero lo que me espera al volver... es algo que ya conozco. Algo que temo de verdad.

Tomo su mano y, por primera vez en mi vida, siento que puedo respirar.



35-Escribe un relato que ocurra en luna nueva y que este hecho tenga consecuencias para la trama.

¡Lo siento muchísimo! Este relato llega una semana tarde porque ya tenía otra idea para el reto, pero a última hora decidí presentarla a un concurso. Se supone que daban los resultados durante esta semana y mi plan era esperar al fallo para poder publicarlo por mi cuenta, pero resulta que no salen hasta la semana que viene... así que al final he tenido que escribir esto a toda prisa. ¡Pero no os preocupéis! Cuando me den los resultados publicaré el relato aquí (suponiendo que no he ganado), y en el improbable caso de que salga vencedor... pues os haré publicidad de mi librito :3

No tengo mucho que decir sobre este relato, aparte de que lo he escrito en dos noches y con mucho, mucho sueño. Mañana tengo un examen importante y llevo toda la semana estudiando, así que pido disculpas por la sencillez del mismo... Dentro de poco por fin tendré vacaciones y mi plan es subir muchas cosas al blog, así que estad atentos.

Por cierto, ¡un saludo a toda la gente de twitter! Durante la semana pasada gané muchos seguidores, y la verdad es que me da algo de corte <3 Muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo, ¡espero no decepcionaros!

¡Un saludo y hasta dentro de unos días! Que el relato 36 ya está escrito y lo tengo programado para este domingo, para que nadie se queje de que no voy al día con los retos...

Si quieres saber qué es el Reto Literup, haz click en este enlace.

19 de agosto de 2020

La mujer de los ojos verdes

Sé que usted, como muchos otros, siente celos de mi éxito. No se avergüence, es natural; incluso me atrevería a decir que es hasta beneficioso. Porque aunque digan que la envidia es un pecado capital todos sabemos que de cosas peores es capaz el ser humano, y yo misma he obrado con más malicia que esa en contadas ocasiones. Por eso pienso que la envidia es un mal necesario. Si usted tiene esos sentimientos úselos, utilice esa rabia para convertirse en alguien mejor; ya que solo aquellos que no tienen éxito son capaces de sentir envidia. Siéntase agradecido por ello, pues significa que tiene usted la oportunidad de mejorar.

Por eso también entiendo que me acusen de ladrona. Cuando uno carece del milagro que yo poseo es normal que no lo comprenda, que alegue métodos ilícitos ante todo lo que he obtenido con sudor y esfuerzo. La única verdad aquí es que mis niños me adoran, que no pueden vivir sin mí y que yo les proporciono la vida que ninguno de ustedes podría darles. Sé que eso les duele. Anhelan este amor tan suave y tan cálido, el aliento que hunde el pecho al verlos respirar mientras duermen; añoran la alegría de amar y sentirse amados de una forma tan pura e inocente. Se arrepienten de haberlo perdido.

Porque a algunos padres se les marchan los hijos. Se van, desaparecen, se hacen mayores o se mueren antes de llegar a serlo. Algunos parten porque te odian, porque quieren huir de ti o porque creen que el nido que les acoge es en realidad una jaula de afilados barrotes. Y ese es el problema, ¿sabéis? Con vuestras acciones permitís que se marchen, los alentáis a buscar amparo en un mundo que no les protege. Y es que yo nunca dejaría marchar a mis niños. Esa idea ni siquiera existe para ellos.

¿Así que cómo podría yo robar algo que nunca os ha pertenecido? Yo amo a estos bebés más de lo que nunca podríais amarlos, les cuido de la vida que ustedes les dieron sin pensar. Bajo mi techo vivirán y morirán con el único amor de su madre, y sus jóvenes rostros jamás serán dañados por el paso del tiempo. Solo yo soy digna de su milagro. Mi labor es sagrada y, aunque ahora no lo entiendan, en unos años agradecerán que fuera yo quien les criara.

Me envidian porque tengo niños que ustedes no se merecen y jamás se merecerán. Y durante años os he compadecido, pero ahora no hacen más que clamar al cielo por justicia... ¿Por qué no se callan y prueban a tener sus propios hijos? ¿Qué tal si la próxima vez no los dejan a merced de los ladrones?



34-Haz una historia con un narrador poco fiable en primera persona, al que acusan de robar bebés.

¡Tachán! Aquí tenemos el reto de esta semana y da la casualidad de que es uno de los más cortos que he escrito, más corto incluso que Treinta y dos. La verdad es que ando ocupada, tengo un examen importante en dos semanas y estoy luchando con una convocatoria de relato que acaba el 30 y acabo de empezar... Pero por otra parte, ¿creéis que este relato necesitaba más? A veces creo que no merece la pena alargar una historia solo por rellenar, y sin duda mi estilo se presta más a cosas cortas y concisas como esta.

Es la primera vez (creo, porque no confío mucho en mi memoria) que escribo un narrador poco fiable y me ha gustado la experiencia. Siempre me quedo con miedo de que el lector no entienda del todo la historia, ¿cómo os ha ido a vosotros? ¿Necesitaría explicarla mejor? También he de decir que el artículo que cita el reto es muy completo e interesante: habla de los tipos de narradores poco fiables, de las pistas para reconocerlos y de consejos para escribirlo... pero no los he seguido. Se supone que he de escribir una escaleta para este tipo de cosas, pero pensé que si mi propio narrador estaba mintiendo quizás quedaría más natural improvisar.

Que bueno, al final es una excusa para no hacer escaletas. Luego normal que me cueste organizarme... En fin, ¡nos vemos la semana que viene! Hay una pequeña sorpresa y es que ya tengo el siguiente relato completamente acabado. Está pendiente de fallo para concurso y se supone que lo anuncian a final de mes, con que seguramente lo suba cuando confirmen que no ha salido ganador (?)

¡Hasta la próxima!

Si quieres saber qué es el Reto Literup, haz click en este enlace.

15 de agosto de 2020

Mascarada del vasallo

—¿Alguna vez habéis matado a alguien?

Zafire alzó la vista hacia la voz que la había sacado de sus pensamientos y se topó con unos ojos claros y afilados que parecían sonreirle. El elfo había lanzado la pregunta al aire y ahora buscaba con la mirada alguien dispuesto a responder, así que cuando se encontró con los distraídos ojos verdes de Zafire alzó las cejas con curiosidad.

— ¿A qué viene esa pregunta? ¿Acaso eres guardia? — gruñó el cochero, un humano de piel morena que ni siquiera se giró para mirar.
— ¡Oh no, ni mucho menos! Mi nombre es Lluvia y no soy más que un humilde músico.

Como si intentara darle credibilidad a sus palabras el elfo tomó su maletín y lo abrió, dejando al descubierto un violín de caoba que sin duda había visto tiempos mejores. Lo expuso durante unos instantes hasta que, satisfecho, cerró el maletín cuidadosamente y lo colocó de nuevo a su vera.

— ¿Y entonces a qué ha venido esa pregunta?
— Pues por charlar un poco. Llevamos un buen rato en este carro y nadie ha dicho ni mú.

El humano soltó un suspiro exhasperado y se removió en su asiento, sin llegar nunca a separar la vista del camino. Mantuvo el silencio durante unos segundos antes de empezar a hablar.

— Pues mira, yo nunca he matado a nadie, pero sí que he visto morir a mucha gente.
— No sabía que ser cochero fuera tan peligroso.
— No muchacho, para nada — rió el hombre, girándose durante un solo instante para cruzar su mirada con la de Lluvia —. Y ser tabernero tampoco lo era demasiado, pero sí que vi muchas peleas en su día. 
— Ah, las historias de taberna son las mejores — asintió el elfo antes de darse la vuelta —. ¿Y usted? He notado que escucha con atención pero no suelta palabra alguna.

La cuarta persona que había en el carro levantó lentamente las cejas. Por su baja estatura y su barba frondosa no cabía duda de que era de raza enana, pero poco más se podía averiguar a simple vista. Llevaba las manos cortas y rechonchas llenas de anillos de plata y la barba decorada con similares abalorios.

— No me llames de usted, mozo — habló con una voz dulce y ronca —. Pero sí, y a unos cuantos. Serví en La Guerra hará unos setenta años.

El elfo soltó un silbido de sorpresa y se inclinó en su asiento.

— ¿Entonces eres soldado?
— No. Soy orfebre. — Sacó de su abrigo un pergamino ajado y se lo ofreció —. Y estas son mis tarifas, por cierto. Mi artesanía es de alta calidad y trabajo todo tipo de metales. A vosotros os haré un descuento, claro, por eso de que vamos a tener que llevarnos bien.
— Pues sí, porque tiene pinta de que vamos a pasar mucho tiempo juntos... — Lluvia tomó el pergamino y lo examinó antes de tendérselo a Zafire — ¿Y usted, señorita? ¿Qué secretos ocultan esos hermosos ojos verdes?

Zafire aún no había hablado y de hecho seguía distraída. Sus ojos vagaban por la linde del camino mientras deslizaba la yema de los dedos por sus brazos, como si estuviera dibujando. Tenía el pelo largo y castaño trenzado con flores, y pequeñas ramas que le nacían del pecho y le subían bordeando las facciones del rostro como pequeñas enredaderas que crecían incustrustadas la piel. Su aspecto era insólito y aún así nadie le había preguntado nada, nadie había cuestionado su presencia en lo que parecía ser un grupo de personas corrientes, pero Lluvia había hecho una pregunta que se le había metido muy dentro y que ahora le agarrotaba la garganta.

— Una vez. Hace un tiempo — respondió con un hilo de voz seca —. A mi padre. Con mis propias manos.
— Vaya, lo... lo siento mucho. No pretendía...
— No te preocupes, muchacha — interrumpió el humano, alzando la mano y girándola hacia atrás para mostrar su palma al resto—. La verdad es que todos tenemos pecados por los que redimirnos, ¿cierto? ¿No es por eso por lo que estamos aquí?

Su mano estaba cubierta de ceniza y cicatrices como las que suele dejar el fuego que no tiene un origen natural, comunes en usuarios de magia negra. De forma instintiva Lluvia posó los dedos sobre su maletín y acarició los arañazos premeditados que cubrían su superficie allí donde hubo otros nombres; y el orfebre tomó con recelo uno de los pocos anillos de oro que adornaban su barba. En las manos de Zafire se enredaba un manojo de zuzón seco que hizo rodar entre los dedos, un conocido veneno que mostró sin tapujos al resto. A cambio de su sinceridad recibió un silencio cómplice y miradas compasivas.

Sin embargo aquel veneno nunca había sido usado y la vida de su padre nunca fue puesta en peligro. La verdad es que en el corazón de Zafire no había ningún pecado, tan solo un millón de mentiras. Sonrió para sus adentros, satisfecha, mientras escondía de nuevo el manojo de hierbas. Siempre le habían dicho que era muy buena actriz.




33-Escribe un relato que incluya la última palabra del diccionario: zuzón.

¡Buenos días! Os dejo el reto de esta semana por aquí, aunque he de decir que no estoy muy contenta con el resultado. La verdad es que durante toda esta semana he estado muy estresada y además he invertido mucho tiempo en escribir otro relato para un concurso, así que este texto ha salido más a la desesperada que a otra cosa.

Como este reto era de tema libre aproveché para desarrollar una idea de un personaje de rol, Zafire, pero poco más. Además, como el reto era muy fácil pensé en ponérmelo algo más complicado y empezar el relato con la letra A y acabarlo con la Z. ¿Os habíais dado cuenta? Es una tontería, pero tuve que pensar muy bien qué palabra quería usar y también el orden de la frase para que no quedara demasiado raro. 

Por cierto, resulta que zuzón (y su nombre más común, hierba cana) se puede aplicar a dos plantas distintas. La verdad es que había visto ambas anteriormente, pero nunca había pensado en su nombre. En fin, al menos he aprendido algo nuevo.

¡Hasta la semana que viene! Y a ver si el siguiente relato es un poco mejor...

Si quieres saber qué es el Reto Literup, haz click en este enlace.

6 de agosto de 2020

La bruja de Sanabria

El valle había amanecido cubierto de niebla, una bruma densa y pesada que se enredaba entre las zarzas secas y se acumulaba en el suelo formando de charcos de humo blanco. Y aún así la mañana transcurría serena, pues incluso con las inclemencias del mal tiempo el mercado de los sábados había permanecido abierto. Viajeros y comerciantes se arremolinaban en la pequeña plaza para exponer sus mercancías en tenderetes improvisados: los más lujosos tenían una pequeña estructura de madera con techo de paño, otros usaban repisas instaladas en el lateral de su carro de caballos, y los más humildes paseaban por la plaza ofreciendo sus productos en una cesta de mimbre. Todo era normal excepto la pegajosa humedad en el ambiente, la extraña niebla que no había dejado rocío sobre las flores.

Con los mercaderes también suelen llegar individuos peculiares, forasteros en busca de aventuras o almas errantes mendigando caridad, así que la visión de aquella mujer no despertó curiosidad alguna. Parecía un fantasma de piel morena, con el rostro arrugado y el cabello castaño, y caminaba arrastrando sus ropajes descoloridos por el barro. Ninguna mirada se posaba en ella y todo vecino pasaba de largo; tan solo su voz cascada y sus afilados ojos oscuros eran capaz de reclamar su existencia.

— Disculpe, buen hombre — anunció ella frente al puesto del comerciante de telas —. ¿Le sobran algunos paños para cubrir mi achacoso cuerpo? Esta humedad se me cala hasta los huesos, y del dolor casi no puedo caminar.
— Vieja mugrienta, márchese — replica el mercader sacudiendo la mano —. ¿No ve que me espanta a la clientela?

La mujer marchó y avanzó al siguiente puesto, una vendedora errante que llevaba en su carro vinos de distintas procedencias. A su alrededor se agrupaban los aldeanos con vasijas vacías, intercambiando monedas de plata por vino recién escanciado.

— Perdona, buena mujer — llamó ella, posando sus manos huesudas sobre la madera oscura —. Hace semanas que no bebo más que del barro y de charcas estancadas, ¿haría el favor de saciar mi sed con su vino más humilde?
— Lo siento mucho, anciana — responde la dama con gesto titubeante —, pero el vino es costoso y no lo puedo desperdiciar. Beba usted del abrevadero, allá donde esperan mis caballos.

La mujer caminó entonces hacia donde le indicaban, junto al lodo y el ganado, pero antes de llegar una chiquilla le interrumpió el paso. La había visto antes en la plaza, portando un cesto de caña trenzada que había equilibrado con cuidado sobre su cabeza.

— Señorita, tome usted un poco —. La niña inclinó el cesto y dejó ver varios bollos de pan blando, con hierbas y semillas en su superficie —. Están deliciosos, y seguro que tras su largo viaje le viene bien comer.
— Eres un encanto, criatura — la mujer sonrió dejando al descubierto dientes torcidos y de un brillo extraño—. ¿Por qué eres tan bondadosa?
— Mis padres me enseñaron a ser amable, señorita. Somos gente humilde y entendemos los tormentos del hambre y la sed.
— Entonces, dulce niña, escucha bien —. La mujer se inclinó sobre su oído y le sujetó el rostro con sus manos ásperas —. Tú y tus padres, marchad del pueblo antes de que caiga el sol.

Y entonces colgó en su cuello un amuleto de madera que tenía tallado un símbolo de herradura. La niña lo sujetó con manos temblorosas.

— Confía en mí, pequeña. Esto te traerá suerte allá donde vayas, y hallaréis la riqueza donde sea que queráis asentaros.
— Está bien, marcharemos temprano. Repartiré mis panes entre los vecinos y partiremos antes del ocaso.

La mujer sonrió satisfecha y desapareció del pueblo, sin beber agua y sin llevarse el pan que le ofrecieron, caminando con pasos que no dejaron huella alguna. A la mañana siguiente el pueblo desapareció bajo las aguas, pues una gran tormenta de pronto había colmado el valle. Pocos testimonios quedan de aquellos que saben del pueblo que allí existió, pues ahora todos lo conocen como el lago de Sanabria.



32-Haz una historia ambientada en el entorno rural de un pueblo de Castilla. Recoge alguna de sus leyendas e intégralas.

¡Hola! Menuda metedura de pata tuve con este relato al principio de semana. Leí el reto demasiado rápido y me emocioné con lo de leyendas castellanas, así que me puse a hilar una historia ambientada en Ávila, porque estuve viviendo allí durante varios años y conozco bien la ciudad. Ávila tiene muchas leyendas, sobre todo relacionadas con su muralla, con su catedral o con la figura de Santa Teresa... y me disponía a escribir cuando leí el reto de nuevo: ¡tenía que estar ambientado en un pueblo, no en una ciudad! Así que busqué por internet la primera leyenda que encontré y me puse a improvisar.

No conocía la leyenda del Lago de Sanabria, pero se cuenta que bajo sus aguas hay un pueblo sumergido por su egoísmo. La historia me parecía perfecta para escribirlo como moraleja, así que tomé la base y creé el personaje de la bruja. Aún así entiendo que está poco inspirado... me hubiera gustado encontrar una leyenda más oculta y darle algunas vueltas más. Si tan solo no hubiera perdido el tiempo en crear otra historia... ¿creeis que debería escribirla de todas formas? A lo mejor la aprovecho para el próximo reto.

En fin, ¿qué os ha parecido? ¿Conocíais alguna leyenda de Castilla? ¿Habéis visitado la zona? A mí me gusta la zona sur de Castilla, hay muchísimas montañas y por tanto muchas rutas de senderismo... y seguro que muchas leyendas por descubrir.

¡Un saludo y hasta la próxima!

Si quieres saber qué es el Reto Literup, haz click en este enlace.

P.D: ¡He cambiado mi cuenta de twitter! Ahora existe una cuenta especial para el blog, sin memes y sin cosas personales, que la tengo única y exclusivamente para difundir arte y relatos. ¡Dadme follow si os interesa! La tenéis en la barra lateral, tan solo hay que pulsar el botón de twitter.